En un país como el nuestro siempre se ha justificado tener algo de desconfianza. Estamos acostumbrados a perder por inocentes y por ello nos resulta complicado creer en la buena fe de las personas y en la transparencia de las intenciones; pero nos equivocamos muy a menudo.
Durante esta semana la solidaridad de miles de peruanos se ha visto reflejada en el desprendimiento natural y el interés masivo por apoyar a los hermanos del sur quienes aún viven una tragedia mucho mayor de 7 grados y 140 segundos. Nuestros amigos de Ica, Chincha, Cañete, Pisco, etc. saben lo que significa carencia y desesperación; por ello es digna de mencionar la actitud solidaria de miles de peruanos que han acudido durante estos días (y continúan haciéndolo) a diversos lugares en nuestra capital (y en todo el país) para contribuir con aquellos que lo necesitan.
Esta práctica de desprendimiento y solidaridad es poco percibida en momentos menos críticos como el que vivimos en estos días, sin embargo vale la pena detenernos a reflexionar sobre la difundida idea de indiferencia peruana ya que resulta ser bastante exagerada.
Me bastó observar atentamente algunos aspectos de la vida cotidiana para notar que la colaboración entre peruanos no resulta tan extraña como algunos piensan. Podemos mencionar algunos ejemplos que pintan de cuerpo entero el espíritu solidario que encontramos en nuestro país.
No son pocas las ocasiones en las cuales he visto taxistas que cooperan con alguna persona que no puede hacer su carro andar. Son los primeros en brindar una mano y conseguir una soga para llevar al necesitado a su destino. Lo curioso es que la actitud con la cual ayudan parece ser, en la mayoría de casos, mucho más positiva que cuando realizan una carrera normal. Por otro lado, tampoco es extraño ver a conductores dar una mano a cuánto individuo tenga problemas vehiculares. Cada uno da su respectivo diagnóstico, algunos se aventuran a intentar un par de piruetas con las bujías, el radiador, etc. La intención de ayudar se encuentra presente.
Bastan estos ejemplos para percibir la vocación de colaboración que existe entre nosotros. Ello no quiere decir que nuestra desconfianza no se justifique; es evidente que las personas mal intencionadas existen y que muchas veces son mayoría, pero cabe recordar que también existen peruanos dispuestos a ayudar siempre que sea necesario.
Ellos son dignos de mención ya que configuran un nuevo rostro patriota, uno que pareciera no existir pues se ve cubierto por acciones negativas de tantos otros que, sin embargo, no logran eliminar los aún fuertes valores peruanos.
Durante esta semana la solidaridad de miles de peruanos se ha visto reflejada en el desprendimiento natural y el interés masivo por apoyar a los hermanos del sur quienes aún viven una tragedia mucho mayor de 7 grados y 140 segundos. Nuestros amigos de Ica, Chincha, Cañete, Pisco, etc. saben lo que significa carencia y desesperación; por ello es digna de mencionar la actitud solidaria de miles de peruanos que han acudido durante estos días (y continúan haciéndolo) a diversos lugares en nuestra capital (y en todo el país) para contribuir con aquellos que lo necesitan.
Esta práctica de desprendimiento y solidaridad es poco percibida en momentos menos críticos como el que vivimos en estos días, sin embargo vale la pena detenernos a reflexionar sobre la difundida idea de indiferencia peruana ya que resulta ser bastante exagerada.
Me bastó observar atentamente algunos aspectos de la vida cotidiana para notar que la colaboración entre peruanos no resulta tan extraña como algunos piensan. Podemos mencionar algunos ejemplos que pintan de cuerpo entero el espíritu solidario que encontramos en nuestro país.
No son pocas las ocasiones en las cuales he visto taxistas que cooperan con alguna persona que no puede hacer su carro andar. Son los primeros en brindar una mano y conseguir una soga para llevar al necesitado a su destino. Lo curioso es que la actitud con la cual ayudan parece ser, en la mayoría de casos, mucho más positiva que cuando realizan una carrera normal. Por otro lado, tampoco es extraño ver a conductores dar una mano a cuánto individuo tenga problemas vehiculares. Cada uno da su respectivo diagnóstico, algunos se aventuran a intentar un par de piruetas con las bujías, el radiador, etc. La intención de ayudar se encuentra presente.
Bastan estos ejemplos para percibir la vocación de colaboración que existe entre nosotros. Ello no quiere decir que nuestra desconfianza no se justifique; es evidente que las personas mal intencionadas existen y que muchas veces son mayoría, pero cabe recordar que también existen peruanos dispuestos a ayudar siempre que sea necesario.
Ellos son dignos de mención ya que configuran un nuevo rostro patriota, uno que pareciera no existir pues se ve cubierto por acciones negativas de tantos otros que, sin embargo, no logran eliminar los aún fuertes valores peruanos.




2 comentarios:
Me hubiera gustado, ya que hablas de valores que digas con claridad el daño que está haciendo Alan garcía a la buena voluintad de los peruanos. la ayuda se ecapora, hay desorganización, robos pero de las altas autoridades, figuretismo. Cuánto daño hace garcía, su corrupticón y su afán de figuración. Si los jóvenes no hablamos claro luego será demasiado tarde.
Carla
Estimada Carla, ciertamente no he tocado mucho el tema de la presencia y actitud del presidente respecto a la desgracia (porque eso es) ocurrida el día miércoles. En este artículo no he hablado tanto de política, sino sobre valores peruanos que pese a lo que se cree de manera general, se encuentran vigentes en muchos peruanos.
Tienes razón cuando afirmas que existe desorganización. Lamentablemente, no estamos preparados no solo para afrontar estructuralmente sismos tan fuertes, sino que, además, no existe un real plan articulado de distribución de ayuda cuando es necesaria; sin embargo, creo que considerar que Alan García está haciendo TODO mal, es un poco exagerado.
Si lees algunos artículos anteriores (y mi perfil) notarás que no soy para nada alanista, por el contrario, soy bastante crítica, pero la oposición es objetiva. Tengo la impresión de que la desorganización tiene un responsable político que es Alan García, sin embargo, cabe mencionar que se está actuando desde el gobierno central. El solo gesto de García de dirigirse hasta el lugar más afectado luego del terremoto, es importante. Su mensaje a pocas horas de ocurrido el sismo, fue también un gesto positivo.
Lo cierto es que la deficiencia es suma y ello se evidencia aún más cuando la situación es crítica y las personas que necesitan ayuda inmediata son también demasiadas. La desesperación y pérdida de esperanza solo contribuyen a calificar negativamente toda iniciativa, en este caso la gubernamental que, repito, es insuficiente, pero no nula.
Es cierto también que García es un presidente figureti y en esta ocasión, el escenario es propicio para que se muestre en pantallas; con ello ciertamente perjudica al país pues no se debe actuar en función de los medios y la presencia en ellos, sino en función de los más necesitados.
Los jóvenes hablamos Carla, espero seguirte leyendo por estos lugares. Gracias por el comentario.
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