18/07/2007

Blanco o negro: la necesidad de grises entre los medios de comunicación y el SUTEP

Acabo de ver la entrevista realizada por Jaime de Althaus al dirigente sutepista Robert Huaynalaya y debo manifestar mi sorpresa ante la actitud de ambos personajes. Cada uno realizó su performance desde una esquina opuesta de una mesa que más bien parecía un ring de boxeo, pero con más golpes bajos que argumentos contundentes, eso sí.

Por un lado tenemos a un Jaime de Althaus que inicia la entrevista con una tendencia clarísima y con un sesgo tan notorio como vergonzoso. Es cierto que el hecho de ser entrevistador no exime a quien lo sea de optar por tal o cual tendencia; sin embargo, en la sutileza y el buen manejo de la misma se nota la calidad de dicho profesional. Lo que vi en la entrevista fue a un Jaime de Althaus extremadamente parcializado, lo cual restó seriedad a cada una de sus “preguntas” que, valga la mención, eran más bien comentarios enfáticos en contra de todo lo que Huaynalaya podría declarar.

Sin embargo, debemos notar que el dirigente sutepista no fue el abanderado de las buenas maneras y los argumentos firmes tampoco. Primó el discurso, bastante mañoseado, de “tú hablas porque no conoces”. Basta un ejemplo. En un momento de la entrevista entró en discusión el tema de la obligatoriedad de la cuota de APAFA en los centros educativos públicos y ya que según Althaus no existía dicha obligatoriedad y según Huaynalaya sí, este último dijo: “Es que tus hijos no han estudiado en colegios públicos, por eso no sabes; esa es la verdad”.

¡Vaya verdad! ¿Hasta cuándo se va a continuar con el sonsonete ese? Es cierto que la experiencia directa dota de mayores herramientas en una serie de casos, pero ello no quiere decir que aquel que no la vivió no puede opinar correctamente. Yo no viví la dictadura de Velasco, pero ello no me impide opinar sobre ella. Estoy segura de que el ministro Chang no estudió en todos los colegios públicos del Perú (tal vez, en ninguno), pero ¿acaso sus declaraciones tienen menor validez por ello? Cuando uno se queda sin argumentos recurre a este tipo de artilugios.

Ahora bien, cabe mencionar que pude notar un pequeño cambio interesante en el discurso sutepista. Al parecer, la asamblea que realizó el SUTEP para evaluar el posible cese de la huelga indefinida, habría permitido una mejor articulación en las demandas del sindicato. Observé a un Robert Huaynalaya con cifras a la mano respecto a diversos puntos específico lo cual le dio seguridad, con un manejo de los artículos específicos que no consideraba correctos en la Ley de Carrera Pública Magisterial recientemente aprobada y reclamando por la ridiculización que se ha hecho de la autoridad en las aulas: el maestro.

Al margen de si estoy o no de acuerdo con sus declaraciones, me parece loable ver mayor seriedad en el planteamiento de los reclamos. Fue interesante también, notar a un Jaime de Althaus nervioso por el desconocimiento de las cifras que el dirigente manejaba e incluso algo agresivo y terco ante las declaraciones de su entrevistado.

Sucede que ninguno de los dos extremos quiere ceder ni un poquito y ese poquito es necesario. No puede ser posible que los dirigentes sutepistas se mantengan tercos y continúen asignándose nula culpabilidad en la baja calidad educativa del país. Es cierto que el Estado tiene gran dosis de culpa (véase ¿Caballazo necesario?), pero los maestros también deben reconocer cierta responsabilidad.

Ahora bien, tampoco se trata de encontrar culpables, sino de hallar soluciones. Las críticas a la ley de CPM se basan en la poca garantía de un debido proceso en el acenso e incursión de profesores al Magisterio. Se teme una apristización en este terreno, lo cual es probable porque ya conocemos al partido aprista; sin embargo, a pesar de sus defectos, esta Ley es una solución o el primer paso para llegar a ella.

Por otro lado, los periodistas deben caer en la cuenta de que no pueden seguir ridiculizando a cada profesor con el que se cruzan. Pueden estar totalmente en contra de la huelga, pero la forma correcta de manifestar la discordancia es mediante puntos particulares y objetivos, no mediante alusiones personales. Esta llamada de atención le cae directamente a nuestro querido presidente, que de un tiempo a esta parte se ha dedicado a tildar de “comechados” a todo aquel que se le ocurre protestar en contra de un gobierno que durante este primer año, pese a los buenos índices económicos y un clima relativo de estabilidad, ha hecho muy poco por beneficiar a los más necesitados. Ahora, a todo aquel que protesta se le califica negativamente.

¡Esa es nuestra democracia!, a ello sumémosle la censura al caricaturista Piero Quijano, las FF.AA. que tienen un plazo de treinta días para “asegurar el buen funcionamiento de los espacios públicos “(decreto emitido en el marco de un clima generalizado de protestas), las cortinas de humo, el interés gubernamental por el tema de la extradición a Fujimori, etc. ¿Les parece que vamos por buen camino?

Pero, concluyamos con el tema de los profesores. Los maestros tenían la posibilidad de manifestarse por una serie de aspectos respecto de los cuales una huelga era más que oportuna: necesaria. Citemos un par de ejemplos; la capacitación bastante pobre que se les está ofreciendo luego de la evaluación censal de docentes (¿sabían que, más del 90% de capacitadores son apristas? Curioso.) o las terribles redes de corrupción que existen en las UGELes, entidades protagónicas desde que se promulgó la Ley de Carrera Pública Magisterial. Esos son reclamos legítimos y gozan del respaldo de los ciudadanos. Oponerse a la Ley, fue una mala jugada. El justificado enojo frente al gobierno y a los medios de comunicación los hizo actuar apresuradamente, pero están a tiempo de caminar sobre sus pasos.

Esperemos que esta huelga indefinida se defina de una buena vez, que se inicie un diálogo (porque dialógicamente se consiguen buenos resultados) y que tanto los maestros como los medios de comunicación asuman con responsabilidad su rol de educadores.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

dices que perteneces a la generación que tomó leche enci, entonces tú no debes haber crecido gran cosa ¿cuanto mides?

Laura Arroyo Gárate dijo...

Cierto, muy cierto. No crecí mucho, pero varios amigos de la misma generación que sí pudieron vencer dicho problema son igual de rencorosos...