16/6/2014

Pesadilla cotidiana

He demorado mucho en escribir este texto. Me he descubierto reescribiendo la primera línea una y otra vez. Me he descubierto releyéndolo, tal vez demasiado, antes de publicarlo. Me he descubierto suspirando durante minutos muy largos antes de enviar las letras que siguen.




Yo tenía 9 años la primera vez que me tocaron como no sabía que se me podía tocar. Tenía 9 años cuando me encontré atrapada en un remolino de duda interna. No terminaba de entender lo que había pasado, pero estaba segura de que estaba “mal”, de que habían hecho algo contra mi voluntad, y que debía gritarlo, castigarlo, compartirlo y enmendarlo. Y “tuve suerte”, por decirlo de algún estúpido modo. No estaba sola y eso es hasta más indignante. Estaba caminando con mamá, a horas tempranas de un domingo. Pero el sujeto que se atrevió a acercarse por detrás de mí, y meter sus mano hasta lo más hondo no sintió reparo alguno en hacerlo pese a que ella me acompañaba. Ella también era mujer, no había problema en saciar su arrebato. Lo hizo brusco, doloroso y rápido. Ella reaccionó tarde, él ya se había ido corriendo.  
Yo no lloré. Ante mi propio asombro me descubrí corriendo tras el agresor. Durante todo el trayecto de la persecución no podía dejar de pensar “¿qué voy a hacer si lo alcanzo?” Hasta hoy no puedo responderme. Mamá me pedía, varios metros atrás, que por favor dejara de perseguirlo. No la culpo. Me ha confesado que temía que él pudiera hacerme más daño. Nunca lo alcancé, era imposible. Se perdió de mi vista y ella, mordiéndose los labios por la rabia pero aguantándose por mí, me subió a un taxi y regresamos inmediatamente a casa.
Lo que pasó después sigue siendo un recuerdo difuso. Ella y yo llegamos a casa y nos topamos, lo cual era inusual, con mi padre. Creo que fue una de las últimas veces. Ella le contó lo ocurrido y él reaccionó como nunca antes lo había visto, ni volvería a verlo: indignado y colérico. Subió al auto, mi madre y yo también, y manejó por todas las calles del distrito hasta dar con el agresor. Él, confiado y conchudo, no se había movido de su esquina. Estaba ahí fumando con sus amigos cuando vio a mi padre bajar del auto como si se tratara de un monstruo. Tal vez lo era. Mi padre se acercó a él y lo que pasó a continuación marcaría, como todo ese día, el resto de mi vida.
El agresor me miró a los ojos, a “insistencia” de mi padre, y me pidió repetidas veces, y con la voz entrecortada por el temor, perdón: “Laura, perdóname”. Esa fue la primera vez en que este sujeto me miró a los ojos y me reconoció como igual. Al pedirme perdón, obligado, sí, pero sincero. Y entonces lo supe. Decidí, siendo pequeña, que nunca más necesitaría que nadie me protegiera de un agresor. Que yo me bastaba para hacerle frente a cualquier tipo que quisiera violentarme. Tenía 9 años, sí, pero desde entonces he respondido cada silbido, piropo, agresión verbal, etc. en la calle. Y lo he hecho temblando de temor, a veces lagrimeando de impotencia, pero nunca más me quedé callada.
Hace tres años, subí a un taxi a las 10 de la noche de un viernes rumbo a casa de mi mejor amiga Jimena. En el camino me di cuenta de que el taxi había desviado la ruta, pero pensé que se trataba de algún atajo o un error. Llamé, en una respuesta instintiva muy acertada a Jimena y le dije al teléfono “Jime, voy a demorar porque el taxista se ha desviado estoy por el puente del Derby, por la carretera.” En ese momento, el conductor se aparcó a un lado de la Vía Evitamiento, volteó con un arma y me dijo “apaga el celular”. Logré gritar al auricular “Por favor, no dispare.” Me quitó la cartera, los celulares (cargaba con dos por la chamba), y bajó del auto. Intenté abrir la puerta, pero tenía puesto el seguro para niños y pensé “Laura, lo que pase va a pasar, tranquila.” Me abrió la puerta, me sujetó del brazo y me lanzó con fuerza hacia la carretera no sin antes decirme fuerte y claro “tienes suerte, perra.”
Cuando Magaly Solier denunció el acoso sexual del que había sido víctima en el Metropolitano hace unas semanas recordé estos momentos. Solier cuenta la indiferencia de quienes fueron testigos de la agresión contra ella. Esa indiferencia es la que nos debilita. Nunca he vivido una situación como ella, pero estoy segura de que la indignación me colmaría. Del mismo modo, si me significó tanto un evento como el que viví a los 9 años, no quiero imaginarme lo que significa para alguna mujer haber sido violada y lo que implica vivir con ese pasado el resto de su vida. No obstante, todas hemos sido violentadas de alguna manera y si a esa pesadilla cotidiana le sumamos la indiferencia generalizada o, peor aún, las declaraciones vergonzosas de ciertos personajes como Martha Meier que señala, ridículamente, que los casos de acoso son “aislados”, el panorama es aún más negro.
Y la respuesta no es dividir buses en horas punta. No se trata de separarnos a mujeres de hombres porque eso refuerza la idea de que ellos son animales que no pueden controlar sus instintos. ¡Francamente, ridículo! Tampoco se trata de andar con clavos y tijeras como sugiere, absurdamente, nada menos que una ex ministra de la mujer. ¡La violencia no se responde con violencia, señora! De lo que se trata es de hacerle entender a todos esos agresores que sus acciones merecen una sanción. Que el silbidito gratuito que me haces por caminar frente a ti tiene consecuencias. Que cuando pasas al lado mío y me dices “que rica estás” no me estás haciendo un favor. Que cuando pones tu cara de mañoso, te muerdes los labios y te tocas mientras me miras me estás agrediendo, no demostrando que soy deseable. Porque ni a mí, ni a ninguna de nosotras, nos importa un bledo saber si te parecemos ricas, guapas o te excitamos de alguna manera. Porque necesitas entender, aunque muchos años te hayan enseñado lo contrario, que la figura del macho que explicita sus deseos no es otra cosa que una aberración.
Pero para eso hace falta algo más. Denunciemos. No nos quedemos calladas nunca más. Como dice mi buena amiga Vero Ferrari, es el colmo que el abuso y la agresión sean parte constitutiva de “ser mujer”. Necesitamos rebelarnos. Necesitamos compartirlo. Y, con ello, concientizar a todos y a todas de que esta es una realidad que no pensamos tolerar más. Y es fuerte. Me ha costado escribir este texto y mostrar a esa Laura niña y víctima, y mucho más reconocer que hace tres años, a los 24, tampoco fui capaz de defenderme. Que fue una casualidad la que me salvó de una pesadilla más terrible. Pero no me callo más. ¿Y tú?
¿Y tú, hombre que me lees? ¿Te sumas? No por tu madre, ni por tu hermana, ni por tu hija…por todxs. Porque entiendes el valor de vivir en una sociedad donde no se violente a nadie. Porque entiendes el valor de mirarme como a una igual y respetarme sólo por ser. ¿Te sumas a acabar con esta pesadilla cotidiana? Porque lo bueno de las pesadillas es que se acaban cuando despierto, pero esta, no acaba nunca. Por ahora. Y depende también de ti.

Imagen: Alex Hall

18/5/2014

La libertad de mirarse al espejo

“Si de diez luchas sólo ganamos una, valió la pena luchar las diez.” (Mamá)


Nunca entenderé lo que significa salir del clóset. Nunca comprenderé la magnitud de valentía que hace falta para decirle al mundo tu orientación sexual en un país donde de eso depende cómo serás juzgado. Nunca entenderé los temores que te asaltan en el momento en que por primera vez te sientes atraído hacia alguien de tu mismo sexo contra esa supuesta “normalidad” (absurda) que te venden en los medios, las calles y muchas veces en casa.  Nunca entenderé el temblor cuando te atreves a decirle a quienes más quieres en el mundo que eres gay o lesbiana jugándote, lamentablemente, la posibilidad de que el amor que te brindan no vuelva a ser el mismo. Nunca entenderé cómo es mirarse al espejo en las mañanas y sufrir en la calle por ese reflejo auténtico y honesto de quien realmente eres.

Pero no entenderlo no me hace lejana a esta injusticia.

Como mujer, he sido víctima de muchos casos de discriminación. Se me han hecho más difíciles algunas cosas. He luchado contra ese “Laurita” que han usado muchos hombres para minimizar mi opinión en diversos espacios. He sido juzgada con parámetros machistas y, aún en este siglo, he sido calificada de manera peyorativa por ejercer mis libertades,  porque, por ser mujer en el Perú, muchas veces no tengo las mismas libertades que ellos. Es más, en este país mi cuerpo no termina de ser mío pues el Estado también decide sobre él pese a que no le corresponde.

Soy consciente, sin embargo, de que mis esfuerzos son menores que aquellos que realiza una mujer lesbiana. Del mismo modo, un hombre gay en una sociedad que endiosa la figura del “macho” en comerciales de cerveza, en el acoso callejero, en las escuelas que imponen el modelo heteronormativo, tiene difícil presentarse entre sus pares y ser tratado con igualdad. Ni que decir de los transgénero que, en algunos casos, no pueden ejercer su derecho al voto pues el DNI no corresponde con su figura, como si la elección de ser cómo quieres ser te pudiera restar derechos ciudadanos. O, el caso de los bisexuales de quienes muchas veces se dice que están “confundidos” y que son los más infieles y promiscuos. ¡Cómo cuesta entender que se trata de personas que aman por encima del género!

Ayer, se celebró el Día Internacional contra la Homofobia y la Transfobia y con motivo de este día, Promsex y la Red TLGB presentaron el Informe Anual de derechos LGTBI 2013-2014 que tengo a la mano y que espero se convierta en un material de consulta, guía y herramienta de discurso a la hora de defender estos derechos humanos. Las cifras siguen siendo de terror. Entre enero del 2013 y marzo del 2014 diecisiete personas fueron asesinadas por ser lesbianas, gays, transexuales o bisexuales. El nombre de este delito es “crímenes de odio” y me recuerda el lamentable episodio en que nuestro Congreso no tuvo la decencia de agravar penas para estos delitos.

A ello sumemos los dos casos de jóvenes que se suicidaron luego del rechazo de sus familiares frente a su orientación sexual. ¿Se imaginan el dolor y desesperación que significa que tu familia, con quienes convives, te dé la espalda y, en ciertos casos, te agredan sólo por atreverte a ser quien eres? Si a ello sumamos el rechazo que tienen en el  colegio por parte de las autoridades o, peor aún, el bullying homofóbico[1] del que son víctimas en las aulas de clase y en redes sociales (cyberbullying), no podemos hablar de un mínimo de calidad de vida.

Por eso, la exposición abierta que ha hecho el día de hoy el congresista Carlos Bruce me parece valiente y merece aplausos. Por ahí han comentado que no tiene nada de valiente porque “ya se sabía”. Quienes afirman esto no entienden el problema. Decidir decir abiertamente tu orientación sexual en un país como el Perú es un acto valiente, casi suicida para un político, e influyente para miles que no terminan de convencerse de salir del clóset. El Perú hoy tiene a su primer congresista abiertamente gay y esto es histórico.

Estoy segura de que esa valentía será retribuida, espero que con la aprobación de ese primer paso que es la Unión Civil, pero sobre todo con la posibilidad de que más peruanxs puedan hoy mirarse al espejo, amar su reflejo y atreverse a ser totalmente sinceros tanto dentro como fuera de casa. Porque muchas veces la discriminación duerme al lado de tu cuarto, pero asumirte con libertad es también un acto de pedagogía. Hoy se dio un micro pasito, pero puede ser el inicio de brincos agigantados que permitan que en un futuro no tan lejano decir “soy gay” no sea motivo de una portada, ni de discriminación y que un beso lésbico no sea motivo de un grito enmudecido en la sala de un cine. Confío en que viviré  para contarla, pero mientras tanto me destrozaré las palmas aplaudiendo actos como el de Bruce, o la valentía de Pilar Fachín quien fue brutalmente agredida por ser lesbiana cuando el hermano de su pareja le realizó 7 cortes con un machete en el rostro, pero que no sólo denunció su caso sino que junto con su pareja y su hijo siguen en la lucha (imposible atragantarse las lágrimas de emoción cuando recibió el reconocimiento especial de Promsex y la Red TLGB el viernes que pasó).

Porque mirarse al espejo es un acto de libertad, pero la libertad es a veces un acto revolucionario. Nos toca hoy, entonces, ser parte de esta revolución.

#UniónCivilYA





(Foto: Portada del Informe Anual de DDHH LGTBI 2013-2014)




[1] La definición de “bullying” es violencia entre pares. Le dejo esta pregunta a los entendidos sobre la materia, ¿por qué llamamos bullying homofóbico a la que es una agresión que no considero entre pares? Digo esto porque si bien se da entre compañeros de clase de las mismas edades, los agredidos muchas veces no sólo no tienen respaldo de la escuela, sino tampoco apoyo en sus hogares. En ese caso, ¿son pares? ¿Los contextos son los mismos? Dejo abierta la pregunta.

28/12/2013

Las mujeres de las cifras



Hoy me di con esta cifra en La República: 13.2%, el equivalente a 4.423 adolescentes son madres o están embarazadas. Pero ahí no queda la cosa. La tasa de mortalidad materna en adolescentes ha crecido con respecto al año 2011: del 7.9% al 9.6%. ¿Sus edades? Entre 12 y 17 años.

A los 12, recuerdo, terminaba la primaria. Mi preocupación más fuerte era aprobar el bimestral de francés en un colegio que era nuevo. A los 17, tenía sobre mí otra responsabilidad: el examen de admisión para la universidad. Sí, era una nerdcita que todo lo veía estudios seguramente, pero era mi decisión y elección ser 'nerdcita'. No sé qué hubiera pasado si durante esos años hubiera salido embarazada. Peor aún, no sé qué hubiera pasado si me hubieran violado y producto de ello hubiera quedado embarazada.

¿Qué decisión hubiera podido tomar en un país donde sigue penalizado el aborto por casos de violación? Tal vez hubiera tenido "suerte" y si mi familia me brindaba dinero y, lo más importante, apoyo, abortar hubiera sido una opción porque, seamos francos, en este país injusto el aborto está prohibido, pero sólo para algunas. Pero, ¿qué hubiera pasado si el violador estaba en casa? ¿Qué apoyo me iba a brindar ese familiar? ¿Y el resto...me habrían creído siquiera? Tal vez no. La verdad es que muchas opciones no tienes y cuando no las tienes, no eres realmente libre para decidir nada.

Volvamos a ese 9.6% de mortalidad materna adolescente. ¿Saben cuáles son las causas? 41% por hipertensión inducida por embarazo, 18% por hemorragia (imaginen los abortos clandestinos y asústense un poco) y, ojo, la causa indirecta de muertes más común es el SUICIDIO (56%). Ahí está el panorama y, a partir de estas cifras frías, ¿qué se ha hecho?

Hay dos iniciativas que, siendo bien pensada, me dan ternura porque se saltan olímpicamente el problema de fondo. La primera fue lanzada por Nadine Heredia en Trujillo, en noviembre: El Plan Multisectorial de Prevención de Embarazos Adolescentes. Muy bien, dije yo. Me parece bueno mirar el problema. ¿Cuál es el objetivo de este plan? Reducir al 2021 en un 20% la tasa de embarazos entre adolescentes. ¡Caramba! Pero...¿cómo? ¿Tal vez promoviendo la educación sexual seria en los colegios? O ¿concientizar a los adolescentes sobre los riesgos del uso de la píldora del día siguiente, pero poniéndola al alcance de todas? O, ¿iniciar una campaña de repartición masiva de condones entre los adolescentes? O, ¿iniciar campañas con lo padres y madres para que vean la importancia de denunciar los casos de violación, y también iniciar una campaña nacional que busque acabar con la violación, lo cual será lento, pero sería un primer paso? O...ya, en un arranque de optimismo apasionado, ¿liderando la oposición contra la modificación del Código del Niño y del adolescente para que se asuma como deber del Estado (que es más que lógico) la educación sexual en los colegios? O, perdonen que me emocione, ¿promoviendo la despenalización del aborto por casos de violación, iniciativa que ya está en el Congreso y que sólo las congresistas Rosa Mavila y Verónika Mendoza han asumido como prioridad? ¿Qué, no?

No. La primera dama, Nadine Heredia enfatizó en el lanzamiento de este plan la importancia de cortar con los factores de riesgo social como "la tolerancia que mostramos frente a la violencia" (y despenalizar...? Ok, mejor me callo) y, esta es buena, Heredia "exhortó a los adolescentes a RETRASAR el inicio de su vida sexual para tener más oportunidades en el futuro". Claro, da la impresión de que ni se da cuenta de que el panorama que tiene al frente hace rato no se mejora con "retrasar" el inicio de la vida sexual, primero porque ni piensa en los casos de las violaviones que no son pocos y, segundo, porque nos guste o no, ese retraso no es tal y, concientes y educados sobre los riesgos, un adolescente puede bien decidir sobre su vida sexual y cuándo empezarla.

La otra iniciativa, cuando la leí, me agarró ya con los pies sobre la tierra. Se trata del  Programa VIDAS que iniciará en el 2014 con Ana Jara a la cabeza y que busca "proteger a adolescentes embarazadas víctimas de violación". Claro, "protegerlas" es una palabra bien bonita. ¿Cómo lo hará? 1) Con cuidado psicológico, de salud y acompañamiento durante el periodo de gestación. 2) Si desea dar en adopción al bebe, la Dirección de Investigación Tutelar del MIMP buscará un hogar para el recién nacido.

O sea, ni por un segundo se le ocurrió a la Ministra Jara poner al debate siquiera la posibilidad de buscar despenalizar el aborto por casos de violación. No. La intención es siempre que este embarazo indeseado e injustamente generado sea llevado a término y, por cierto, eso tiene un nombre: revictimización. Pero ocurre, bajo las narices de un gobierno indiferente. Ambos programas no resuelven el tema de fondo y siguen apelando a recetas de maquillaje para solucionar un problema que debe pasar por la decisión libre de las involucradas. Este 2013 ha estado surtidito de iniciativas de este tipo. No ha sido un buen año para las mujeres.

No soy fan de los balances, pero esto es el colmo. No es sólo la inacción del gobierno la que nos está costando vidas, sino la ideología conservadora que opera desde su altar alejadísimo de la realidad la que nos cuesta a todos porque, cuidado, tú, yo, tus hermanas, tus amigas, tus primas y todas las que se te vienen a la mente podríamos ser víctimas de estos hechos y convertirnos también en las mujeres de las cifras. Y esta realidad de espanto ya la vivieron varias. ¿Hasta cuándo?




Plan Multisectorial - La República: http://www.larepublica.pe/08-11-2013/plan-nacional-busca-reducir-en-un-20-embarazos-adolescentes-al-2021

Programa VIDAS - Andina: http://www.andina.com.pe/espanol/noticia-programa-vidas-protegera-a-adolescentes-embarazadas-victimas-violacion-485910.aspx#.Ur9TsJHv5dc

18/9/2013

Por ti. #UniónCivilYA



Enojada. Triste. Agotada.
Es injusto.
Estoy cansada de verte así. De saber que en cualquier momento me escribirás o llamarás por la misma injusta razón y te darás de cara con mi impotencia y mis palabras vacías porque, lamentablemente, no hay nada que pueda decir que te haga sentir mejor, lo sé. Porque me bronqueo con la realidad como tú.
Estoy harta de que me digas que tus viejos te dejaron de hablar porque confesaste, con una valentía tremenda, que eres gay. Estoy harta de que me digas que pudo ser peor porque a otro de nuestros amigos lo botaron de casa, así sin más. Me siento hasta ridícula al decirte “no es nada malo” cuando tienes a congresistas, medios de comunicación y opresores disfrazados con sotana diciendo que lo natural es el matrimonio entre un hombre y una mujer, que eres un enfermo y que no mereces ningún derecho.
Me angustio cuando veo que al menos 20 niños se han suicidado en el Perú víctimas de bullying, víctimas del calificativo frecuente: gay (afeminado, marica). ¿Qué derecho tienes tú de joderlo? ¿Quién te ha dicho que ser gay es un insulto? Me angustio también, sí, cuando andamos por las calles acompañados de tu pareja, retorciéndonos de la risa porque esos encuentros son divertidos, y de pronto te estampa un beso ante la mirada de desaprobación de los transeúntes. Me angustio porque recuerdo que hace unos meses, por eso, les gritaron mil cosas en la calle: “¡¿qué te pasa imbécil!?”, grité como si sirviera de algo. De nada. Yo sé que te has ido acostumbrando a ese rechazo. Eso es lo que me molesta más: Que te acostumbres a esa injusticia.
Me da rabia cuando voy a las marchas por los derechos LGBTI o a cualquiera de las actividades que realizan y veo siempre las mismas caras, salvo algunas contaditas excepciones. Me da rabia porque sé que no es una lucha de los mismos, debiera ser una bandera de todos. Me enerva el estereotipo, que caricaturicen tu opción en la tele, la radio, los periódicos, algunas obras de teatro, etc. Ese estereotipo termina siendo, al final, tan perverso como el abusivo del salón de clases.
Me dan vergüenza los argumentos en contra de la unión civil para todos. Desde creer que se “arruinará la institución del matrimonio” (sic), como si la proliferación de divorcios no fuera una realidad, sino un espejismo en mi cabeza, hasta creer que un niño “necesita” tener un padre y una madre (hombre y mujer, respectivamente) en casa. ¿Por qué no declaramos ilegal que existan padres o madres solteras pues? Francamente.
Me da también rabia la señora que me topo en la panadería y que, preocupada, me dice que está bien el amor pero no el escándalo. “¿A qué se refiere, señora?”, le pregunto serena. Y me dice que los homosexuales que quieran amarse lo hagan en privado, que nadie lo prohíbe. ¿Pero eso no es justamente una prohibición? ¿Por qué puedo yo, por ser heterosexual, vivir en público mi pasión y ellos no? ¿Qué me hace a mí, mi abrazo, mis besos y mi agarrada de mano, tolerable? ¿Y quién habla de amor? Aquí se habla de derechos y de igualdad para todos. Es lo mínimo.
Por eso estoy a favor del matrimonio igualitario. Sí, matrimonio, no me vengan con sandeces terminológicas. Si se llama “matrimonio” para heterosexuales (así sea un “estado laico”, ¡valga el entrecomillado!), que también se llame así para todos. Si se quiere debatir sobre el “matrimonio” como institución en general, todo bien, pero ese es otro debate. Aquí el tema es de igualdad. Incluso para abrir el debate, primero igualemos a los actores. El proyecto presentado por Carlos Bruce es, por eso, un primer paso que saludo. Uno que debemos dar. No el fin, el primer paso. Vamos por él.
Porque estoy harta de abrazarte sin ningún resultado concreto. Porque estoy harta de escucharte y de sentirme impotente. Porque no quiero que el plan de juerga de los fines de semana deba ser en ciertas discotecas amigables, quiero entrar contigo a bailar en todas. Somos iguales tú y yo, mi opción sexual y la tuya es lo de menos. Porque sudo, sufro, siento, río y lloro como tú, no me importa un cuerno que digan que “el Perú no está preparado”, como si fuera un argumento válido. Los que tenemos que estarlo somos nosotros. Y lo estamos. Por mí pero sobre todo por ti, esta vez. Este será mi más fuerte abrazo. Te prometo que luego nos vamos a celebrarlo. Te lo prometo.
#unióncivilYA