25/9/2014

Señor Castañeda: ¿puede, por favor, responderme?



Diez preguntas de una terca optimista que espera tener alguna respuesta del candidato mudo.

Han pasado muchas semanas desde que inició la campaña, pero tan sólo algunas desde que el candidato Luis Castañeda decidió aparecer en los medios pues durante un mes decidió mantener su campaña en la mudez absoluta. Sin embargo, aún cuando entrevistado, ha sido incapaz de contestar a una serie de preguntas sobre su gestión. Se ‘marketea’  bien y se presenta como un gran gestor, pero me cuesta creerle.

Ahora bien, hay que reconocer que la capacidad de preguntar y repreguntar de la mayoría de periodistas que lo ha tenido frente al micrófono ha sido mínima. Por eso, pensando en apoyar a quien pudiera entrevistarlo o, cuando menos, gritarle alguna pregunta mientras lo ve pasar con su sonrisita triunfadora, tengo una listilla de 10, sólo 10, preguntas sobre el metropolitano que, en una demagogia absoluta, cree que es comparable con el Corredor Azul. Yo no caigo en su jueguito, espero que ustedes tampoco.

#CastañedaResponda

1. ¿Por qué el Metropolitano costó el triple de lo que debería haber costado según el proyecto inicial?

2. ¿Por qué se demoraron ocho años en ejecutar el Metropolitano si ya Alberto Andrade había dejado el financiamiento a través de préstamos con el BID y el Banco Mundial, además de los estudios de factibilidad terminados?

3. ¿Por qué no reestructuraron las 54 rutas del norte del Metropolitano, lo cual generó que los operadores perdieran dinero y no pudieran pagar su deuda con Cofide?

4. ¿Por qué implementaron las alimentadoras recién en diciembre del año 2010?

5. ¿Por qué no implementaron todas las alimentadoras completas?

6. ¿Por qué las estaciones del Metropolitano colapsaron apenas se llegó a 400 mil pasajeros diarios si en el memorándum de la licitación se proyectaba hasta 800 mil pasajeros?

7. ¿Por qué se proyectó una demanda de 800 mil pasajeros para el inicio de la pre-operación del Metropolitano y a seis meses de iniciada sólo había 220 mil pasajeros?

8. ¿Por qué en el año 2011 los operadores del Metropolitano se encontraban al borde de la quiebra financiera?

9. ¿Por qué en el distrito de Barranco la troncal del Metropolitano no tuvo un Estudio de Impacto Ambiental?

10. ¿Por qué se decidió dividir el distrito de Barranco en dos sin concertar absolutamente nada con los vecinos, aún cuando ellos hicieron llegar un proyecto con alternativas a la Municipalidad de Lima durante su gestión?


Ahí están. Espero sus respuestas. Tengo otras como ¿qué errores se cometieron durante su gestión en la fase constructiva del túnel de Santa Rosa y que causaron el derrumbe del mismo a pocos meses de su construcción? Pero, me los reservo para una lista sobre infraestructura. Vamos por partes. No queremos alterar al candidato ya que parece que no está acostumbrado a recibir preguntas.

#CastañedaResponda



Más: Vía el tumblr de El Morsa: Los pendientes del Metropolitano (lo que le patearon a la gestión de Villarán y ella tuvo que resolver, pero claro…ella no hace nada.)

16/9/2014

Atreverse a no tener miedo

En una ciudad como Lima, donde el prejuicio salta en cada esquina, donde la discriminación se disfraza de cartel que “se reserva el derecho de admisión”, donde la religión se irrumpe en las decisiones políticas, donde se sanciona socialmente el tierno paseo de la mano de dos hombres o dos mujeres que se aman y donde se golpea un beso puro sólo por no ser “convencional”, no tener miedo es un atrevimiento y también un deber. 
“No tengo miedo” es un espacio que nació en esta ciudad. Nació, por tanto, en la adversidad y del miedo. Se originó como una respuesta rebelde al conservadurismo y a la discriminación, como el espacio de emancipación de los parámetros sociales. “No tengo miedo” se propuso utilizar una fuerza que paraliza, para convertirla en el mejor de los motores para desenmascarar y visibilizar. En este espacio he leído y conocido a través de diversos testimonios a héroes y heroínas, porque no encuentro otra palabra que defina a los sobrevivientes de estas historias.
He conocido Cruz, una mujer que narra que cuando afirmó que era lesbiana le contestaron “ten relaciones con un hombre, verás que se te quita aquello”, y a Mary, a quien le pidieron que no vuelva a ir a una actividad de su ex colegio por ser lesbiana y asistir con su pareja. He conocido también a Cristian, a quien alguna psicóloga le dijo que mejor no elija un camino “lleno de sufrimiento, que va contra lo natural” y que “cuide su reputación”, y a Maricriss, a quien alguna vez le prohibieron la entrada a una tienda d ropa en el Jirón de la Unión pues “no recibían a ese tipo de personas travestis” (?).
Cada testimonio ratifica algo: esta Lima no es para todxs. En esta Lima, antes que vecinos y vecinas, hay un conjunto de individuos antes interesados en definir las diferencias que en conjugar las similitudes, percudidos de intolerancia antes que de justicia, empapados de dogma antes que de razón y empatía.
Lima, sobre la cual hablamos mucho durante estos días de campaña electoral, se dedica a priorizar el cemento y la infraestructura que, aún cuando es importante, no basta para construir una ciudad. La ciudad, finalmente, la construimos nosotrxs, los ciudadanxs. Y lo hacemos sin cemento y sin escaleras. Lo hacemos tomándonos de la mano, abrazándonos en la diferencia y reconociéndonos iguales. Lo hacemos respetándonos.
Pero se necesita un paso urgente. Se necesita un compromiso de todxs, pero sobre todo, de aquellos que piensan asumir un liderazgo en la ciudad. Este compromiso no es fácil. Implica pelearse con ciertos sectores, visibilizar lo que muchos quieren ocultar, defender los derechos para todos y para todas, garantizar la sanción a quienes violenten a alguien sólo por ser quien es, defender el derecho de todos y todas a expresar sus sentimientos, condenar la censura y rescatar la libertad.
Me he topado con la amarga sorpresa de notar que ningún candidato o candidata a la Alcaldía de Lima contempla en su plan nada acerca de los derechos para los LGBTI. Las excusas no se harán esperar. Dirán por ejemplo que se trata de un eje transversal y que no necesita ser especificado, o que no había espacio. Tal vez que se acabó el tóner de la impresora o que se les perdió la página 11, entre otras historias. 
Las excusas no vienen al caso. Descuiden, candidatxs, hay una oportunidad de resarcir la “falta” en la que incurrieron.
Mañana, miércoles 17 de septiembre, el colectivo ‘No tengo Miedo’ presentará a los candidatxs a la Alcaldía de Lima el documento titulado “Estado de violencia: Diagnóstico de la Situación de las personas LGBTIQ en Lima Metropolitana”. El documento cuenta con muchísimos testimonios y promete ser una herramienta que así como duela al ser leída, impulse velozmente los cambios. Este será sin duda un documento que cada candidato o candidata debería tomar en cuenta de llegar a sillón municipal porque narra esa Lima que le tocará liderar. Narra uno de esos aspectos oscuros de nuestra Lima que a veces es tan cruda para tratar a sus ciudadanxs.
Todos han sido invitados, pero me pregunto ¿quiénes se atreverán a asistir? Porque es un acto atrevido comerse este pleito y espero que más de un candidato esté a la altura. Mañana lo comprobaremos.

16/6/2014

Pesadilla cotidiana

He demorado mucho en escribir este texto. Me he descubierto reescribiendo la primera línea una y otra vez. Me he descubierto releyéndolo, tal vez demasiado, antes de publicarlo. Me he descubierto suspirando durante minutos muy largos antes de enviar las letras que siguen.




Yo tenía 9 años la primera vez que me tocaron como no sabía que se me podía tocar. Tenía 9 años cuando me encontré atrapada en un remolino de duda interna. No terminaba de entender lo que había pasado, pero estaba segura de que estaba “mal”, de que habían hecho algo contra mi voluntad, y que debía gritarlo, castigarlo, compartirlo y enmendarlo. Y “tuve suerte”, por decirlo de algún estúpido modo. No estaba sola y eso es hasta más indignante. Estaba caminando con mamá, a horas tempranas de un domingo. Pero el sujeto que se atrevió a acercarse por detrás de mí, y meter sus mano hasta lo más hondo no sintió reparo alguno en hacerlo pese a que ella me acompañaba. Ella también era mujer, no había problema en saciar su arrebato. Lo hizo brusco, doloroso y rápido. Ella reaccionó tarde, él ya se había ido corriendo.  
Yo no lloré. Ante mi propio asombro me descubrí corriendo tras el agresor. Durante todo el trayecto de la persecución no podía dejar de pensar “¿qué voy a hacer si lo alcanzo?” Hasta hoy no puedo responderme. Mamá me pedía, varios metros atrás, que por favor dejara de perseguirlo. No la culpo. Me ha confesado que temía que él pudiera hacerme más daño. Nunca lo alcancé, era imposible. Se perdió de mi vista y ella, mordiéndose los labios por la rabia pero aguantándose por mí, me subió a un taxi y regresamos inmediatamente a casa.
Lo que pasó después sigue siendo un recuerdo difuso. Ella y yo llegamos a casa y nos topamos, lo cual era inusual, con mi padre. Creo que fue una de las últimas veces. Ella le contó lo ocurrido y él reaccionó como nunca antes lo había visto, ni volvería a verlo: indignado y colérico. Subió al auto, mi madre y yo también, y manejó por todas las calles del distrito hasta dar con el agresor. Él, confiado y conchudo, no se había movido de su esquina. Estaba ahí fumando con sus amigos cuando vio a mi padre bajar del auto como si se tratara de un monstruo. Tal vez lo era. Mi padre se acercó a él y lo que pasó a continuación marcaría, como todo ese día, el resto de mi vida.
El agresor me miró a los ojos, a “insistencia” de mi padre, y me pidió repetidas veces, y con la voz entrecortada por el temor, perdón: “Laura, perdóname”. Esa fue la primera vez en que este sujeto me miró a los ojos y me reconoció como igual. Al pedirme perdón, obligado, sí, pero sincero. Y entonces lo supe. Decidí, siendo pequeña, que nunca más necesitaría que nadie me protegiera de un agresor. Que yo me bastaba para hacerle frente a cualquier tipo que quisiera violentarme. Tenía 9 años, sí, pero desde entonces he respondido cada silbido, piropo, agresión verbal, etc. en la calle. Y lo he hecho temblando de temor, a veces lagrimeando de impotencia, pero nunca más me quedé callada.
Hace tres años, subí a un taxi a las 10 de la noche de un viernes rumbo a casa de mi mejor amiga Jimena. En el camino me di cuenta de que el taxi había desviado la ruta, pero pensé que se trataba de algún atajo o un error. Llamé, en una respuesta instintiva muy acertada a Jimena y le dije al teléfono “Jime, voy a demorar porque el taxista se ha desviado estoy por el puente del Derby, por la carretera.” En ese momento, el conductor se aparcó a un lado de la Vía Evitamiento, volteó con un arma y me dijo “apaga el celular”. Logré gritar al auricular “Por favor, no dispare.” Me quitó la cartera, los celulares (cargaba con dos por la chamba), y bajó del auto. Intenté abrir la puerta, pero tenía puesto el seguro para niños y pensé “Laura, lo que pase va a pasar, tranquila.” Me abrió la puerta, me sujetó del brazo y me lanzó con fuerza hacia la carretera no sin antes decirme fuerte y claro “tienes suerte, perra.”
Cuando Magaly Solier denunció el acoso sexual del que había sido víctima en el Metropolitano hace unas semanas recordé estos momentos. Solier cuenta la indiferencia de quienes fueron testigos de la agresión contra ella. Esa indiferencia es la que nos debilita. Nunca he vivido una situación como ella, pero estoy segura de que la indignación me colmaría. Del mismo modo, si me significó tanto un evento como el que viví a los 9 años, no quiero imaginarme lo que significa para alguna mujer haber sido violada y lo que implica vivir con ese pasado el resto de su vida. No obstante, todas hemos sido violentadas de alguna manera y si a esa pesadilla cotidiana le sumamos la indiferencia generalizada o, peor aún, las declaraciones vergonzosas de ciertos personajes como Martha Meier que señala, ridículamente, que los casos de acoso son “aislados”, el panorama es aún más negro.
Y la respuesta no es dividir buses en horas punta. No se trata de separarnos a mujeres de hombres porque eso refuerza la idea de que ellos son animales que no pueden controlar sus instintos. ¡Francamente, ridículo! Tampoco se trata de andar con clavos y tijeras como sugiere, absurdamente, nada menos que una ex ministra de la mujer. ¡La violencia no se responde con violencia, señora! De lo que se trata es de hacerle entender a todos esos agresores que sus acciones merecen una sanción. Que el silbidito gratuito que me haces por caminar frente a ti tiene consecuencias. Que cuando pasas al lado mío y me dices “que rica estás” no me estás haciendo un favor. Que cuando pones tu cara de mañoso, te muerdes los labios y te tocas mientras me miras me estás agrediendo, no demostrando que soy deseable. Porque ni a mí, ni a ninguna de nosotras, nos importa un bledo saber si te parecemos ricas, guapas o te excitamos de alguna manera. Porque necesitas entender, aunque muchos años te hayan enseñado lo contrario, que la figura del macho que explicita sus deseos no es otra cosa que una aberración.
Pero para eso hace falta algo más. Denunciemos. No nos quedemos calladas nunca más. Como dice mi buena amiga Vero Ferrari, es el colmo que el abuso y la agresión sean parte constitutiva de “ser mujer”. Necesitamos rebelarnos. Necesitamos compartirlo. Y, con ello, concientizar a todos y a todas de que esta es una realidad que no pensamos tolerar más. Y es fuerte. Me ha costado escribir este texto y mostrar a esa Laura niña y víctima, y mucho más reconocer que hace tres años, a los 24, tampoco fui capaz de defenderme. Que fue una casualidad la que me salvó de una pesadilla más terrible. Pero no me callo más. ¿Y tú?
¿Y tú, hombre que me lees? ¿Te sumas? No por tu madre, ni por tu hermana, ni por tu hija…por todxs. Porque entiendes el valor de vivir en una sociedad donde no se violente a nadie. Porque entiendes el valor de mirarme como a una igual y respetarme sólo por ser. ¿Te sumas a acabar con esta pesadilla cotidiana? Porque lo bueno de las pesadillas es que se acaban cuando despierto, pero esta, no acaba nunca. Por ahora. Y depende también de ti.

Imagen: Alex Hall

18/5/2014

La libertad de mirarse al espejo

“Si de diez luchas sólo ganamos una, valió la pena luchar las diez.” (Mamá)


Nunca entenderé lo que significa salir del clóset. Nunca comprenderé la magnitud de valentía que hace falta para decirle al mundo tu orientación sexual en un país donde de eso depende cómo serás juzgado. Nunca entenderé los temores que te asaltan en el momento en que por primera vez te sientes atraído hacia alguien de tu mismo sexo contra esa supuesta “normalidad” (absurda) que te venden en los medios, las calles y muchas veces en casa.  Nunca entenderé el temblor cuando te atreves a decirle a quienes más quieres en el mundo que eres gay o lesbiana jugándote, lamentablemente, la posibilidad de que el amor que te brindan no vuelva a ser el mismo. Nunca entenderé cómo es mirarse al espejo en las mañanas y sufrir en la calle por ese reflejo auténtico y honesto de quien realmente eres.

Pero no entenderlo no me hace lejana a esta injusticia.

Como mujer, he sido víctima de muchos casos de discriminación. Se me han hecho más difíciles algunas cosas. He luchado contra ese “Laurita” que han usado muchos hombres para minimizar mi opinión en diversos espacios. He sido juzgada con parámetros machistas y, aún en este siglo, he sido calificada de manera peyorativa por ejercer mis libertades,  porque, por ser mujer en el Perú, muchas veces no tengo las mismas libertades que ellos. Es más, en este país mi cuerpo no termina de ser mío pues el Estado también decide sobre él pese a que no le corresponde.

Soy consciente, sin embargo, de que mis esfuerzos son menores que aquellos que realiza una mujer lesbiana. Del mismo modo, un hombre gay en una sociedad que endiosa la figura del “macho” en comerciales de cerveza, en el acoso callejero, en las escuelas que imponen el modelo heteronormativo, tiene difícil presentarse entre sus pares y ser tratado con igualdad. Ni que decir de los transgénero que, en algunos casos, no pueden ejercer su derecho al voto pues el DNI no corresponde con su figura, como si la elección de ser cómo quieres ser te pudiera restar derechos ciudadanos. O, el caso de los bisexuales de quienes muchas veces se dice que están “confundidos” y que son los más infieles y promiscuos. ¡Cómo cuesta entender que se trata de personas que aman por encima del género!

Ayer, se celebró el Día Internacional contra la Homofobia y la Transfobia y con motivo de este día, Promsex y la Red TLGB presentaron el Informe Anual de derechos LGTBI 2013-2014 que tengo a la mano y que espero se convierta en un material de consulta, guía y herramienta de discurso a la hora de defender estos derechos humanos. Las cifras siguen siendo de terror. Entre enero del 2013 y marzo del 2014 diecisiete personas fueron asesinadas por ser lesbianas, gays, transexuales o bisexuales. El nombre de este delito es “crímenes de odio” y me recuerda el lamentable episodio en que nuestro Congreso no tuvo la decencia de agravar penas para estos delitos.

A ello sumemos los dos casos de jóvenes que se suicidaron luego del rechazo de sus familiares frente a su orientación sexual. ¿Se imaginan el dolor y desesperación que significa que tu familia, con quienes convives, te dé la espalda y, en ciertos casos, te agredan sólo por atreverte a ser quien eres? Si a ello sumamos el rechazo que tienen en el  colegio por parte de las autoridades o, peor aún, el bullying homofóbico[1] del que son víctimas en las aulas de clase y en redes sociales (cyberbullying), no podemos hablar de un mínimo de calidad de vida.

Por eso, la exposición abierta que ha hecho el día de hoy el congresista Carlos Bruce me parece valiente y merece aplausos. Por ahí han comentado que no tiene nada de valiente porque “ya se sabía”. Quienes afirman esto no entienden el problema. Decidir decir abiertamente tu orientación sexual en un país como el Perú es un acto valiente, casi suicida para un político, e influyente para miles que no terminan de convencerse de salir del clóset. El Perú hoy tiene a su primer congresista abiertamente gay y esto es histórico.

Estoy segura de que esa valentía será retribuida, espero que con la aprobación de ese primer paso que es la Unión Civil, pero sobre todo con la posibilidad de que más peruanxs puedan hoy mirarse al espejo, amar su reflejo y atreverse a ser totalmente sinceros tanto dentro como fuera de casa. Porque muchas veces la discriminación duerme al lado de tu cuarto, pero asumirte con libertad es también un acto de pedagogía. Hoy se dio un micro pasito, pero puede ser el inicio de brincos agigantados que permitan que en un futuro no tan lejano decir “soy gay” no sea motivo de una portada, ni de discriminación y que un beso lésbico no sea motivo de un grito enmudecido en la sala de un cine. Confío en que viviré  para contarla, pero mientras tanto me destrozaré las palmas aplaudiendo actos como el de Bruce, o la valentía de Pilar Fachín quien fue brutalmente agredida por ser lesbiana cuando el hermano de su pareja le realizó 7 cortes con un machete en el rostro, pero que no sólo denunció su caso sino que junto con su pareja y su hijo siguen en la lucha (imposible atragantarse las lágrimas de emoción cuando recibió el reconocimiento especial de Promsex y la Red TLGB el viernes que pasó).

Porque mirarse al espejo es un acto de libertad, pero la libertad es a veces un acto revolucionario. Nos toca hoy, entonces, ser parte de esta revolución.

#UniónCivilYA





(Foto: Portada del Informe Anual de DDHH LGTBI 2013-2014)




[1] La definición de “bullying” es violencia entre pares. Le dejo esta pregunta a los entendidos sobre la materia, ¿por qué llamamos bullying homofóbico a la que es una agresión que no considero entre pares? Digo esto porque si bien se da entre compañeros de clase de las mismas edades, los agredidos muchas veces no sólo no tienen respaldo de la escuela, sino tampoco apoyo en sus hogares. En ese caso, ¿son pares? ¿Los contextos son los mismos? Dejo abierta la pregunta.